800 años no son nada

Para quien se conserva tan estupenda. Una mañana del jueves 21 de abril de 1211, el obispo de Compostela, Pedro Muñiz, oficiaba el largo rito de dedicación de la Catedral de Santiago. Como huellas de aquel día perduran las doce cruces de consagración que marcan un singular recorrido por las naves de la basílica. El obispo fue ungiendo e incensando las cruces una por una. Son cruces que ostentan en sus cuatro ángulos el sol, la luna, el alfa y el omega.

Ciento treinta años de trabajo fueron necesarios para terminar una obra que facilitaría el cumplimiento de los ritos oportunos a los peregrinos, así como les proporcionaría un techo bajo el que cobijarse. Este jueves de 2011, ochocientos años después de su inauguración, la Catedral de Santiago continúa ejerciendo su labor, conjugando arquitectura y escultura; firmeza y levedad para los que buscan una respuesta al final del Camino.

El veintitrés de febrero de 1168 el rey Fernando II concede al maestro Mateo importantes privilegios para que concluya la catedral. En la terminación de las naves siguió los planteamientos anteriores, aunque para el cierre occidental concibe un innovador proyecto que preludia el gótico.

Todos los estudiosos del Pórtico de la Gloria lo consideran obra única. Sus arcos cierran las naves catedralicias e introducen un nuevo lenguaje que comienza por dividir la anchura de la central con un esbelto parteluz que sostiene un gigantesco tímpano en cuyos dinteles se grabó el epígrafe que recuerda su colocación por el maestro Mateo el primero de abril del año 1188, es decir, a los veinte años de la donación de Fernando II. Los pilares, con variados capiteles que sirven de soporte a un orden de innovadoras estatuas-columna que representan a personajes del Antiguo y Nuevo Testamento.

El maestro Mateo dota a sus figuras de nuevas proporciones, estudia su anatomía a través de los paños, revela su estado anímico con sus gestos y alcanza su cota más elevada en la paradigmática sonrisa de Daniel, en el ensimismado rostro de Santiago, o en la animada conversación de los Ancianos.

A continuación os dejo la programación que ha organizado la Xunta para esta celebración. A mi parecer es bastantes escasa y deslabazada, quizás el presupuesto se haya visto menguado por el pasado año Xacobeo, pero una catedral no cumple centenarios todos los días.

Eso sí, he de reconocer que cuando leí que venía Amin Maalouf al ‘Congreso Internacional de literatura de viajes’ se me caía la baba. Como compañeros de debate del escritor de ‘Identidades asesinas’ estarán Ken Follet (¿Quién mejor para hablar de la construcción de una catedral?),  Ildefonso Falcones, Carmen Becerra y Julio Llamazares. Apúntenlo en la agenda, señores.

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