Indignada con Amy Winehouse

Para mí existen dos tipos de conciertos: a los que decido ir sobre la marcha el mismo día del bolo o con pocos días de antelación, y a los que voy porque tengo la entrada comprada desde hace meses.

Os voy a hablar de la segunda opción. Conciertos con entradas desde hace semanas e incluso meses. El proceso es el siguiente: de repente un grupo anuncia que viene a España a tocar en, pongamos por ejemplo cinco meses. Comienza la agonía, ¿la compro o no la compro? ¿que estaré haciendo en cinco meses? Durante días le doy vueltas al tema mientras trato de convencer a algún amigo para que me acompañe y reviso cada poco tiempo la venta de entradas. Finalmente decido comprarla y la guardo como oro en paño.

Los primeros meses me olvido de esa entrada que tengo en el cajón, de vez en cuando alguien menciona el concierto, una canción me lo recuerda y sonrío pensando que soy una de las afortunadas que irán. Se acerca la semana del concierto y tengo el grupo en cuestión a todas horas en el ipod y… ¡por fin! el día del bolo. Apenas doy crédito y vivo esa hora y media, dos horas o si hay suerte más, como si fuese el último concierto al que voy a ir.

Entonces leo noticias como que éste u otro artista ha suspendido un concierto por motivos de salud y lo lamento por el grupo y por sus fans, cruzo los dedos para que se mejore lo antes posible y ponga otra vez a España en la lista de países pendientes por visitar. Siempre es así excepto en un caso concreto: Amy Winehouse. (Quizá en alguno más).

El debút de la susodicha gustó a (casi) todo el mundo: críticos y público. ‘Rehab’ estaba hasta en la sopa, las niñas y las no tan niñas se disfrazaban de ella en carnaval y esperaban que llegase el anuncio de su visita a la capital. Yo me encuentro en ese pequeño grupo al que le da un poquito igual lo que Amy haga, componga, si está o no en rehabilitación o ha hecho puenting y se ha roto un diente.  Pero, cada vez que sale un vídeo, como el concierto que hace unos días dio en Serbia, me indigno. No puedo evitarlo. ¿Cómo se puede tener tan poco vergüenza? Está claro que la salud es lo primero, por eso mismo, si una persona no está en condiciones óptimas para realizar su trabajo no debe hacerlo.

Imaginad la situación: compras la entrada con antelación y esa día la ilusión se transforma en decepción para luego dar paso al enfado y los abucheos como los que recibió Winehouse ese día.

¿Hasta cuándo piensa seguir tomando el pelo a sus fans?

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