Ay… ¡cuando el packaging lo era todo!

Después de un día de paseo por Malasaña, y de ver que son las siete de la tarde y es de noche, me siento vintage. No quiero decir que me sienta mayor, ni pasada de moda. Es que noviembre es un mes como vintage. No sé. Dejamos atrás definitivamente el calor y el buen tiempo. La gente ya piensa en Navidad (aunque yo solo pienso en las vacaciones que implican), o como poco, en el invierno; las terrazas se van vaciando y las cafeterías y pastelerías se van llenando de modernitos. El otoño ya está aquí y empezamos a ser un poco más ñoños.

El caso es que a mi toda esta época, sea por lo que sea, me resulta vintage. Igual es porque está tan de moda de un tiempo para acá; o porque últimamente me he encontrado muchos temas publicitarios que hacen referencia a este estilo tan malasañero. Esta semana, sin ir más lejos me encontré con tres o cuatro artículos y posts que hablaban sobre lo antiguo, sobre el principio de todo, sobre el “¿te acuerdas?”

Cualquier cosa en la que pensemos tuvo su principio. Algunos lucen todavía sus primeros diseños o mantienen su estilo inicial. Otros, recién salidos, ya lo hacen con una imagen que recuerda o imita a lo antiguo. Como digo, lo vintage está muy de moda. Sea en un bote de mermelada, en unas magdalenas -a las que ahora llamamos cupcakes– o en una lata de pintura.

Solo tenemos que pensar un poco para darnos cuenta de algo muy importante. Antes de que la publicidad existiera, y de que fuera algo importantísimo para un producto; ya existía el packaging (el envase o envoltorio de algo). Así que enseguida se dieron cuenta de que tenían que utilizarlo de alguna manera. Rellenarlo con imágenes o textos que hicieran referencia a lo que empaquetaba, que era su principal utilidad, resultó una buena solución y una buena manera de mover el producto más fácilmente. No sé si la comparación será muy acertada o no, pero a mi me parece que hay muchísima relación entre la cartelería y los packaging antiguos. Con ella se empezó a ver la publicidad como un arte tanto como un negocio; y creo que el estilo es el mismo.

Y como el packaging no es de uso exclusivo para las fábricas envasadoras, sino que son un buen formato para dar rienda suelta a la creatividad, da mucho juego. Son muchos los ilustradores, diseñadores o artistas reconocidos los que han pintado botellas, latas de Coca Cola Light o bolsas reutilizables. Y si no miren este blog tan curioso con el que me he contrado.

La verdad es que poco a poco se ha ido dando más importancia y valor a el diseño en los envases. Sabiendo que dice mucho de un producto, y que llama la atención del consumidor; sería absurdo desaprovechar todo un espacio que es capaz de conseguirlo todo por si solo.

Y pensar que las marcas blancas se empezaron a llamar así por sus packaging inutilizados y de color blanco liso… ¿no sabían lo bueno que era para la publicidad? (se preguntarán ahora ustedes). Sí que lo sabían, pero el hecho de no vender imagen ni marca es lo que les hace diferntes (y baratos). No venden por nombre, venden por producto; que, al final, es lo que realmente debe importar al consumidor.

Si les parece bien; el día que salga un poco el sol, y me sienta más moderna y animada, les enseñaré el otro packaging. El moderno, el minimalista, el actual.

¡Hasta la semana que viene!

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