Diario de una doctoranda: una “table” no tiene patas

Hay ciertas cosas que nos suceden que nos hacen madurar y cambiar. A lo largo de la vida vamos descubriendo esas “verdades universales” que, llegado un día, hacen de nosotros seres más sabios. No suelen llegar de la mejor manera posible, sino que, sueles encontrártelas de frente de manera inevitable. Hace escasos 10 días yo me topé con una de ellas. De haberla sabido antes, me habría ahorrado problemas, ansiedad y una aceleración de mi proceso de envejecimiento. Claro que hoy tampoco tendría este post, las cosas como son. Empezaré por el principio. Cuando terminé la carrera aposté por mi formación y me decidí a cursar estudios de doctorado. Antes de empezar ves sólo la parte bonita: dedicarte realmente a lo que te gusta, no tienes la presión del examen a la vuelta de la esquina, un laboratorio de verdad en el que poder experimentar y crear y un sinfín de oportunidades de aprender y crecer como científico.

No voy a decir que esto no es así porque mentiría pero, hay más. Tu vida se transforma y, poco a poco, ves que la tesis, ese santo Grial que has comenzado a perseguir, va adueñándose de tu vida. Empieza de manera sutil, que si tus amigos te piden que les expliques de qué va eso de la tesis un día de cenita, que si pongo este link en Twitter o un estado de Facebook que, excepto los que están en mi misma situación, no entiende nadie. Al final, todo eso va a más y te das cuenta de que la tesis ya es el centro de tu vida.

Pensaréis que exagero y que no es para tanto. Hay días buenos, desde luego pero, el la mayor parte de los casos, los días son de esos en los que se hace necesario repetir constantemente el mismo mantra: “por la tesis”. ¿Que me quedo hasta las tantas en el laboratorio? Por la tesis. ¿Tengo libre sólo un domingo al mes? Por la tesis. ¿Estas ojeras son de nacimiento? No, son por la tesis. Es cierto que tiene sus compensaciones. Los días buenos en los que ves resultados y un trabajo bien hecho vuelves a tu casa en una nube y la satisfacción que eso provoca compensa todos los sinsabores anteriores. Por último, hay otros días en los que, ni el “por la tesis” te salva del cuadro de estrés y ansiedad pero que, pasado un tiempo, ves que te han hecho dar un paso más hacia la sabiduría y que has aprendido una “verdad universal”. En mi caso, la última de ellas ha sido muy simple y, a la vez, nada trivial: una “table” no tiene patas.  Tuve que recurrir al diccionario para cerciorarme, pero es cierto. Claro que esto lo hice una vez había comprado una “table” de 400 kg y de que el señor que debía instalarla en mi laboratorio me llamase diciendo: “neniña, esta mesa no trae las patas”. Ahí se produjo mi cuadro de ansiedad y envejecimiento prematuro ultrarápido, cinco años más en un instante.

Desesperada, sin saber qué hacer ni cómo resolver la situación, consulté a mis superiores y me iluminaron con su sabiduría: “compra unas patas” . Y ahí se acabó mi problema, que no mi sufrimiento. Yo ya veía el fin del mundo y la solución era así de simple. No sé si lo vivo demasiado o si el “por la tesis” ha calado en mí muy hondo. Quizás no sepa mucho
de ciencia pero mi dedicación y capacidad para soportar el estrés creo que han quedado más que demostradas. Por no hablar de el efecto risoterapéutico en mis compañeros , que lo vivieron en directo, y en mis amigos cuando se lo conté. No se consuela quién no quiere, dicen. Lo cierto es que hoy me río hasta yo.

Con todo esto que he contado no quiero desanimar a los que estén en mi misma situación. Al contrario. Pese a todo, sigo creyendo en el “por la tesis” y en que, un día, estas vivencias no serán más que anécdotas de mi feliz época de doctoranda.

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Comments
5 Responses to “Diario de una doctoranda: una “table” no tiene patas”
  1. Kaos2K dice:

    No veas lo identificado que me siento con tu post jajaja. Cierto es que a veces, te dan ganas de mandarlo todo a la mierda y dedicarte a otra cosa pero pero a los que somos curiosos por naturaleza y nos gusta investigar, parece que tenemos algo dentro que nos hace ser masocas y seguir hasta que reventemos, aún a riesgo de quedarnos aún con menos vida social :P.

    Por cierto, no sabía lo de la “table”, tomaré buena nota por si algún día tengo que encargar una x’D.

  2. darimala dice:

    Jajajaja yo soy de las que no podía parar de reírme cuando me lo contaron. ¡También me quedé flipando por la situación!
    Ánimo pequeña 😀

    • mmvalado dice:

      No me extraña! Si parece una película. Aún se lo contaba el viernes pasado a una chica que quiere hacer doctorado en un futuro y la pobre alucinaba hahaha..Todo el mundo pone en la tesis anécdotas o frases que les han impactado en su época de doctorado. “Una table no tiene por qué tener patas” es una de mis candidatas. Gracias por los ánimos guapa!!

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